Actualmente, cuando un candidato es iniciado en el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, debe realizar tres viajes. Durante el primer viaje se somete a la prueba del aire; durante el segundo se somete a la prueba del agua, y durante el tercero se somete a la prueba del fuego. Tras concluir el tercer viaje se somete a la prueba de la sangre y a la prueba del sello candente, tras lo cual tomará su Obligación.
Como la Cámara de Reflexión es asociada a la prueba de la tierra, la vinculación de aire, agua y fuego con el primer, segundo y tercer viaje parece perfectamente natural. Se trata de una idea que ofrece un conjunto simbólico equilibrado y lógico. Sin embargo, esto es algo muy reciente. Hasta 1938 nunca se realizó la prueba del aire, y esto es algo que, desde nuestro punto de vista actual, resulta llamativo. Del mismo modo, el cáliz de la amargura está ubicado en lugares diferentes según hablemos del Rito Francés o el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, lo que le da un carácter muy distinto en uno u otro rito. En esta entrada vamos a estudiar estas dos cuestiones.
La prueba del aire no se incorpora al ritual hasta 1938
Sobra decir que los cuatro elementos son algo totalmente ajeno a la ceremonia de Iniciación en los rituales anglosajones. Se trata de algo francés. Y, dentro de lo que son los rituales franceses, la asociación no aparece de manera reconocible hasta el Régulateur del Rito Francés, redactado en 1786 y publicado en 1801. En cierto modo, la asociación de los elementos a los viajes aparece de golpe con este ritual; pero únicamente el agua y el fuego, no el aire.
Nuestro punto de partida es la descripción de los viajes que aparece en el Régulateur, y que reza como sigue:
El primer trayecto debe ser el más difícil; hay que recorrerlo a pequeños pasos, muy lentamente y con un paso muy irregular. Se aprovechará la disposición del local para hacer que este trayecto resulte penoso, mediante obstáculos y dificultades dispuestos con ingenio, sin emplear, sin embargo, ningún medio que pueda herir o molestar al Recipiente. Se le hará caminar a veces con pasos lentos, a veces un poco más rápido. Se le hará bajar de vez en cuando como para pasar por un túnel; se le incitará a dar zancadas como para franquear una zanja; por fin, se le hará caminar en zigzag, de modo que no pueda juzgar la naturaleza del terreno que recorre. Durante este viaje, se simularán granizo y truenos, con el fin de imprimir en su alma algún sentimiento de temor. Cuando el recipiendario regresa a Occidente, el Segundo Vigilante da un golpe con el mazo y dice: «¡Muy Venerable, el primer viaje ha concluido!».
El segundo recorrido debe realizarse con pasos más lentos y un poco más largos; solo debe destacar por unos ligeros tintineos de espadas, bien dirigidos al oído del candidato y en número reducido. De regreso al occidente, el Hermano Preparador sumergirá el brazo desnudo del recipiendario en una cubeta llena de agua que se habrá tenido cuidado de colocar en ese lugar.
Este tercer viaje debe realizarse a paso firme, con libertad, pero sin prisas, más o menos como un paseo. Se seguirá al recipiendario, agitando, a cierta distancia de él, una antorcha que produzca una gran llama. Se tendrá cuidado de que esta llama no le cause ningún daño.
Hermano Gran Experto, proceded a la doble prueba del aire.
Efectivamente, en el R.E.R. no existe la prueba del aire, de la misma manera que jamás nos verás soplar una vela. Esto tiene significaciones profundas, que tienen que ver con el hecho de que el aire es un elemento reservado a Dios: es el soplo inicial, el soplo creador, esa Palabra que dice «Sé» y el universo es. Es la facultad divina para operar; por ello no hay prueba del aire. Sí que hay, y además son pruebas descendentes, la prueba del fuego, prueba del agua y prueba de la tierra. Son descendentes porque, si te fijas, el elemento al que te enfrentas es cada vez más, digamos, grosero. Y en la Iniciación rectificada son muy relevantes las reflexiones que te hacen tanto el Venerable Maestro como el proponente en torno a cada elemento, en el sentido de que lo que se te está diciendo es «¿Tú qué vas a hacer con este elemento? Este elemento puede espiritualizarte o puede degradarte; puede ayudarte en tu camino de reintegración o puede alejarte de él...». Pero el aire no aparece por el motivo que te he dicho, porque el aire es el elemento divino.
La explicación proporcionada por Pavel es clara. No obstante, dentro de la búsqueda por aclarar esta cuestión, hice también lo que cualquiera habría hecho: teclear en Google «Rito Francés ausencia de la prueba del aire». Una de las respuestas que me proporcionó Google me llevó al sistema de Escocés Trinitario creado por Jean-Baptiste Thomas Pirlet en ca.1760. El autor del artículo no describe bien los viajes, y yerra al decir que el sistema consta de tres grados, cuando son cuatro. Vamos a detenernos en este sistema de Escocés Trinitario porque no solo nos permite hilvanar la hipótesis de por qué no se realizó la prueba del aire durante siglo y medio, sino que además nos permite intuir que la asociación de los elementos a los viajes del Aprendiz proviene del Escocismo Trinitario, y esclarece por qué se lleva a cabo la prueba de la sangre al concluir el tercer viaje.
| Cuadro de logia del grado de Escocés Trinitario |

MAESTRO INGLÉS (AGUA)
P. ¿A dónde habéis visto (al Maestro) acompañaros?
R. Al borde del Jordán.
P. ¿Qué habéis visto al borde del Jordán?
R. La Palestina donde cayó el maná.GRAN ESCOCÉS (FUEGO)
Hay 54 luces, 18 luces en cada uno de los tres candelabros.GRAN ARQUITECTO (TIERRA)
P. ¿Qué más hizo este Gran Escocés (Dios)?R. Hizo la separación de la tierra y las aguas, ha hecho una nueva arquitectura en el paraíso terrestre con la arcilla, y de la tierra ha formado el cuerpo del hombre a su semejanza, lo animó con su soplo, con lo que hizo el primer masón, pero que no era escocés.ESCOCÉS TRINITARIO (SANGRE)
P. ¿Habéis comido y bebido?R. Sí.P. ¿El qué?R. El cuerpo y la sangre de Jesucristo.(...)P. ¿Qué hicieron con vos tras ser juzgado?R. Me llevaron a una sala, donde fui flagelado.P. ¿Qué más os hicieron?R. Me hicieron llevar una cruz, sobre la que fui crucificado.
El interés de esta serie de grados y de la sucesión de pruebas agua - fuego - tierra - sangre es que nos permite explicar muchas cosas que encontramos actualmente en los rituales, por lo que es verosímil que esta sea la sucesión de pruebas original, si es que tal cosa existiese. Esto nos permitiría explicar:
1) Por qué, durante siglo y medio, no se realizó la prueba del aire.
2) Por qué, en Rito Francés y Rito Escocés Antiguo y Aceptado, tras el tercer viaje se realiza siempre la prueba de la sangre. La prueba de la sangre, aunque no tenga ningún viaje asociado, forma parte estructural de las pruebas de la Iniciación la grado de Aprendiz Entrado.
3) Por qué en el Rito Escocés Rectificado se hace la prueba de la tierra en el tercer viaje, y no la prueba del fuego, como sucede en Rito Francés y Rito Escocés Antiguo y Aceptado.
No podemos saber exactamente cuándo ni dónde fraguó la idea de realizar unas pruebas según la secuencia agua - fuego - tierra - sangre, dejando además la prueba del aire expresamente al margen; máxime teniendo en cuenta la aparición totalmente descontrolada de nuevos grados que tuvo lugar en suelo francés. Pero sí parece verosímil pensar que la asociación de agua - fuego - tierra - sangre a los viajes hubo de tener lugar en el ámbito del Escocismo Trinitario. Por otra parte, debemos suponer que los ritualistas del G.O.D.F. sabían lo que estaban haciendo en el momento de incorporar la prueba del aire al ritual, por lo que, si bien estaban añadiendo un contenido simbólico innovador, estaban también destruyendo un contenido trinitario (la ausencia de la prueba del aire) que probablemente ya era improcedente en una obediencia que, desde 1877, admitía a ateos en sus logias.
La diferente ubicación del cáliz de la amargura en el Rito Francés y en el R.E.A.A.
El segundo asunto que vamos a considerar es la diferente ubicación del cáliz de la amargura que encontramos en Rito Francés y R.E.A.A.
En el Rito Francés, tras la prueba del fuego viene la prueba de caridad, y a continuación la prueba de la sangre y el cáliz de la amargura. Tanto en el Régulateur como en el Ms. Kloss XXVI.2 el contenido de la copa debe ser amargo desde el principio, y este último indica que el agua debe amargarse con absenta. Sin embargo, el uso tradicional en las logias españolas es ligeramente diferente: en primer lugar, el recipiendario debe probar un poco del cáliz de la amargura, el cual inicialmente solo contiene agua. A continuación (recordemos que el candidato tiene los ojos vendados y no ve esto) se vierte en el agua unas gotas de un licor especialmente amargo denominado Amargo de Angostura, que no solo amarga el agua, sino que además hace volverse rojo al contenido, en un efecto visual muy llamativo. Entonces el recipiendario bebe la copa hasta apurarla, tragando por sorpresa un líquido amargo cuando él esperaba el agua que había probado inicialmente. El Ms. Kloss XXVI.2 nos ofrece un ritual de la Iniciación al Primer Grado en este rito, y en él encontramos que el cáliz de la amargura aparece después del tercer viaje como parte de la siguiente secuencia: 1) prueba de la sangre, 2) cáliz de la amargura y 3) prueba del sello candente. Es decir, en el Régulateur el cáliz de la amargura aparece junto a la prueba de la sangre, y en otros rituales de Rito Francés aparecen juntas la prueba del fuego, el cáliz de la amargura y la prueba del sello candente.
Este maltrato al que se somete al recipiendario es de naturaleza antropológica, pues es la mejor herramienta de que dispone todo proceso iniciático para provocar un cambio ontológico en el sujeto. No se puede conseguir una verdadera mutación del ser únicamente con razonamientos, sino que este cambio (esencial en todo proceso iniciático) solo se consigue a través del sufrimiento y el temor. Esta es la razón por la que en las iniciaciones tribales al neófito se le azota, o se le abandona de noche en un bosque, o se le meten las manos en unos guantes llenos de hormigas que le morderán la piel; pues sin estos padecimientos no es posible forzar un cambio ontológico en el individuo. Y no olvidemos el papel del temor, pues como bien dijo Mircea Eliade en una de sus frases más redondas:
Por medio del temor lo sagrado se hace presente.
Inicialmente encontramos en el Rito Francés el cáliz de la amargura junto con las otras pruebas citadas; es decir, forma parte del maltrato que entraña la Iniciación. Sin embargo, a partir de 1805 los masones escocistas empiezan a crear un ritual propio para los tres primeros grados, con el objetivo de marcar una diferencia clara entre Rito Francés y R.E.A.A. Para ello pondrán encima de la mesa el Régulateur, al lado la divulgación de los Antiguos Three Distinct Knocks, y empezarán a tomar elementos de Three Distinct Knocks e incorporarlos al Rito Francés con el fin de anticuar el ritual que practicaban. La forma en que fraguaron los actuales grados simbólicos del R.E.A.A. no nos incumbe ahora. Pero los ritualistas del Supremo Consejo introdujeron un cambio que no tenía nada que ver con Three Distinct Knocks: cambiaron el cáliz de la amargura de su ubicación inicial al momento en que el recipiendario acaba de entrar en la logia. Ahora el recipiendario tomará este cáliz antes de comenzar su primer viaje. Desde el primer ritual escocista de los tres grados simbólicos, Guide des Maçons Écossais (ca.1805), en el R.E.A.A. el cáliz de la amargura será bebido siempre por el recipiendario antes de comenzar los viajes, mientras en el Rito Francés esto tendrá lugar tras concluir el tercer viaje. ¿A qué se debe este cambio?
Una posibilidad es que intentasen establecer un paralelismo entre el recipiendario antes de someterse a las pruebas y Jesús de Nazaret en el Monte de los Olivos:
Y él se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró, diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí este cáliz; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle. Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra.Lucas 22, 41-44
Puede parecer excesiva y blasfema la comparación entre el recipiendario que va a afrontar la ceremonia de Iniciación y la agonía de Jesús antes de la Pasión. Aunque esto es cierto, conviene recordar que las ceremonias de Iniciación masónicas eran mucho más ásperas entonces que ahora. En Cours Pratique de Franc-Maçonnerie, escrito por Chemin-Dupontès en 1841, leemos cómo se obliga al recipiendario a disparar con una pistola en el pecho de un hermano condenado a muerte por la logia, del mismo modo que se le obliga a realizar poco menos que un acto de canibalismo en una desagradable prueba denominada la cabeza de San Juan (aunque, tal y como hace constar el libro, se exime de esta prueba a los hermanos que sean verdugos de profesión). También narra que en ciertas logias se deja al recipiendario colgando de una viga de madera, o se le pide hacer cosas inverosímiles. Estas prácticas fueron abandonadas por el G.O.D.F. en 1887, pero sin duda una Iniciación francesa de principios del siglo XIX podía suponer un mal trago. En cualquier caso, establecer un paralelismo entre el recipiendario y Jesucristo, si es esto lo que se perseguía, no deja de resultar un tanto sacrílego.
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| La oración en el huerto, óleo sobre lienzo por Giandomenico Tiepolo (ca.1772) |
